Pedrito conoce a las señorita muerte

Pedrito conoce a la Señorita Muerte

Pedrito sabía que algo estaba pasando con su abuelito. Desde que llegó a la hacienda oyó todo ese ruido y miró ese ir y venir de sus tíos, sus papas y las personas que ahí trabajaban.

Pedrito se sentía triste y solo. Sus primos mayores se habían ido a la escuela, su prima Chayo llego un día antes pero apenas lo saludo,  subió al piso superior y ya no bajó. Su abuelita Beta y su tío Filemon también estaban arriba. De vez en cuanto su mama se asomaba para ver que estuviera bien y que no hiciera ninguna travesura o algún ruido.

Pedrito tiene 6 años, es moreno, pelo chino y ojos café oscuro. Él ya sabe que su abuelito está muy enfermo y por ese motivo vino desde San Luis Potosí con su mamá Silvia, su papá Pedro y Adriana, la muchacha que lo cuida.

Cuanto llegaron a la casa de su abuelito enviaron a Adriana a la cocina. Sus papas subieron a ver al abuelito pero a él no lo permitieron verlo porque según era muy chiquito. A sus primos tampoco les permitieron saludarlo o jugar con él y los mandaron a una enorme habitación a hacer sus tareas. Él se quedó sólo jugando en el sillón favorito de su abuelito con el cochecito que le regalo su tío Jaime, un conejito azul que le dio Adriana y su avioncito favorito.

En la noche, su mamá bajó a darle de cenar, bañarlo, ponerle pijama y acostarlo en el cuarto de huéspedes. Él le pregunto por su abuelito pero su mama no le contestó y lo dejo acostado con la luz de la lamparita prendida. Se dio cuenta que su mami había estado llorando y que al preguntarle había tratado de no hacerlo de nuevo.

El reloj sonó 12 veces. Él no podía dormir. Tenía mucho miedo, se sentía solo, quería llorar y necesitaba ir al baño, pero por más que llamaba a Adriana, nadie lo escuchaba. Todos estaban arriba y se habían olvidado de él.



Ella entró despacio y lo llamó por su nombre. Él la miraba con extrañeza pues conocía a todos los que trabajaban en la hacienda pero a ella nunca la había visto. Ella  le dijo que todo iba a estar bien, que no estuviera asustado y que la acompañara para ver a su abuelito. Antes de ir con ella Pedrito fue al baño y luego la acompañó.

Ella era bonita.  Tenía la piel muy blanca y un sombrero un tanto raro le tapaba los ojos. El pelo lo llevaba recogido en un bonito chongo. Llevaba puesto un vestido negro de manga larga y unos zapatitos negros de piso. Parecía de unos 16 años, más o menos la edad de Adriana, pero su mano estaba muy fría y Pedrito se sintió un poco tímido pero ella le dijo que le tuviera confianza. Pedrito le preguntó su nombre y ella le contesto:

– Me llamo Señorita Muerte, mi niño y he venido por tu abuelito para llevarlo conmigo a la eternidad.

Pedrito no se contuvo y empezó a llorar, pero ella le dijo:

– No llores. Tu abuelito ya quiere descansar porque ha trabajado mucho. Tú no llores porque a donde él va todo el dolor y sufrimiento desaparece para siempre y él estará  con Dios y con el niño Jesús.

Pedrito vio a su abuelito en la sala, estaba de pie cerca de su sillón favorito y le mostraba una sonrisa muy amplia, le abrió los brazos y lo llamo:

– Ven Pedrito, quiero platicar contigo antes de irme; solo quiero decirte que no estés triste mi niño, porque yo me voy a un lugar muy bonito donde  conoceré  en persona a Dios y al niño Jesús.

– Pero  abuelito – dijo Pedrito – ¿qué va a pasar con mi abuelita Beta y mis tíos y mi papa?

– Mira – le dijo su abuelito – mi esposa me alcanzará muy pronto allá a donde voy y mis hijos, sobre todo tu papá, ya son adultos y saben cuidarse solos. Por ellos no me preocupo. Me preocupo por ti porque eres el más pequeño de mis nietos y no quiero que sufras por mi partida.

– Abuelito – le dijo Pedrito – te prometo que no lloraré ¿ pero cómo voy a saber que tú vas a estar bien allá donde me dices?

– Pedrito – le dijo su abuelito – llorar no tiene nada de malo. Llora y hazlo con ganas, porque así sacas todo el dolor que sientes y si te dicen que te calles, tu no hagas caso y sigue llorando. Yo voy a estar allá donde te digo y cada vez que veas el sol, las estrellas o la luna tu sabrás que desde donde yo esté te mandare una señal en forma de una brillante estrella de luz blanca para consolarte y para que siempre te acuerdes de mí. Y nunca olvides todo aquello que te recuerde todas las cosas que tú y yo hacíamos juntos.

Pedrito conoce a la sñorita muerte

Muerte intervino:

– Ya es hora señor Chano, debemos irnos.

– Hijito, no tengas miedo, cuida a tu mama Silvia, a tu papa Pedro, a tu abuelita Beta y a tu hermanito que viene en camino. Que Dios te bendiga mi niño y te acompañe siempre.

Al decir esto, su abuelito camino hacia la puerta junto con muerte y antes de pasar  volteo para decirle adiós.

Su mama lo fue a despertar a las 5 de la mañana  y le dijo que su abuelito había fallecido. Él no dejó de llorar y aunque su mama lo consolaba, su tristeza era demasiada porque él lo había querido mucho y sabía que nunca más iba a volver a verlo. Todo aquel día estuvo muy triste y llorando. En la noche después de que su mama lo acostó, supo que tenía una visita.

– Hola – dijo Muerte – solo vine a decirte que tu abuelito está muy bien,  te pide que ya no llores porque el ya está con Dios y el niño Jesús.

– Gracias Muerte – dijo Pedrito – yo sé que mi abuelito está muy bien porque hace rato  me asome a la ventana y vi una estrella blanca muy bonita que él me mando y sé que esa es su señal.

Siete meses después Pedrito conoció a su hermanito Javier y cuanto miraba el cielo después de una tarde lluviosa vio un hermoso arco iris y arriba de éste, una brillante y hermosa estrella blanca y supo que su abuelito estaba muy contento con la llegada de Javiercito.

 

Martha García Guzmán

Twitter: @mayra7884gagu

Imagen: revistamipediatra.es / runrun.es

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