El forastero - Revelaciones

El forastero – Revelaciones

—Simplemente no es posible – le dije casi gritando — Este lugar es diferente. El día tiene otra duración, el clima no es el mismo. No he visto la luz del sol. Tampoco la Luna. No puede ser que siga en el mismo planeta.

Durante mucho tiempo estuve desconcertado sobre este lugar. No sabía a dónde había llegado y al paso del tiempo concluí que era otro planeta. Durante mi encierro, las actividades duraban mucho más de lo que me podía mantener despierto por lo que deduje que el día era más largo. Cuando llegaba a coincidir con la hora de dormir, despertaba antes de que abrieran las puertas. Así que mi ciclo de sueño y vigilia era más corto que los demás. Poco a poco me fui adaptando.

— No sabemos qué pasó —me dijo en tono serio — Lo que sí sabemos es que éste es el planeta Tierra y que estamos aquí desde hace millones de años.

Yo no podía aceptar eso. Tanto tiempo estuve esperanzado a encontrar el artefacto que me haría regresar a casa para que resulte que no era verdad.

— Lo del artefacto fue mentira — le dije.

El capitán J’ark volteó hacia el monitor de la pared, bajó la mirada como apenado, cruzó los brazos y sin mirarme contestó:

— Eso es parte verdad — Sabemos que existe un artefacto creado por los Metálicos con el cual abren portales o algo así. Esos portales atrapan personas de otras épocas, pero hasta ahora no hemos podido robarlo y mucho menos usarlo. Siempre que llegamos desaparece, como sucedió en tu misión.

Mi mente empezó a dar vueltas ¿Viajes en el tiempo? ¿Secuestrado por los Metálicos? ¿Porqué o para qué? No recordaba haber sido de alguna utilidad para los Metálicos. Solo me tuvieron encerrado en esa prisión, vigilado por los Colaboradores. A menos que me hayan hecho algo mientras dormía.

— ¿Por qué me secuestraron los Metálicos? — pregunté casi con enojo.

El capitán J’ark me miró con una expresión dura y me dijo:

— Todos los humanos actuales fuimos traídos por los Metálicos — descruzó los brazos y respiró profundo antes de continuar — La teoría más común es que en algún punto de la existencia del planeta, los humanos desaparecimos, por alguna razón. Tal vez algún cataclismo. Tal vez los mismos Metálicos nos eliminaron. El caso es que se hicieron dueños del mundo y empezaron a traernos de nuevo desde el pasado. Como has visto, muchos colaboran con ellos, pero otros nos rebelamos y empezamos a luchar por nuestra libertad.

Estaba a punto de gritarle “¿Por qué?” cuando un soldado entró de improviso y le dijo:

— Capitán. El comando 26 reporta que regresa a la base con un prisionero.

— ¿Qué tipo de prisionero? — contestó el capitán.

— Según los reportes es un Colaborador de alto rango — informó el soldado.

— ¡Maldición! Algunos de ellos traen localizadores integrados – J’ark empezó a caminar hacia la puerta y me gritó – ¡Ven conmigo! Tienes que aprender a manejar estas situaciones.

Me quedé pensando “¿Y yo por qué?” pero la curiosidad fue más fuerte que la apatía y me apresuré tras J’ark y el soldado.




Llegamos a una sala repleta de monitores y personas sentadas en lo que parecían ser estaciones de trabajo. Todos atentos a los datos y gráficas mostradas en las pantallas.

—Capitán –dijo uno de ellos haciendo el saludo militar –Los tenemos localizados, pero no responden a los llamados.

J’ark fue hacia una de las estaciones. Tomo lo que parecía un micrófono y empezó a llamarlos

—Comando 26, responda. Habla el capitán J’ark

El aparato respondió con silencio. Ni siquiera un ruido de fondo o algún chasquido. Solo silencio.

—Capitán –dijo otro que parecía estar a cargo de algo –están a dos mil keym del primer perímetro.

—Debemos hacer algo antes de eso o tendremos que derribarlos –contestó J’ark.

Otro más se acercó y dijo:

—Tal vez podamos enlazar el piloto remoto –mirando a J’ark con cierta inseguridad

—Adelante –contesto J’ark

Inmediatamente se dio vuelta y se dirigió a otra consola y empezó a apretar botones y teclear comandos que se veían escritos en su pantalla.

—No responde, capitán –anunció por fin –al parecer hay un problema en la línea de comunicación general.

—Entonces no hay manera de comunicarnos –la cara de J’ark ya expresaba una cierta desesperación –¿Alguien tiene alguna idea?

Me acordé de alguna película que había visto en la adolescencia con una situación semejante.

—¿No hay alguien que pueda acercarse lo suficiente para comunicarse mediante algún letrero o a señas? –dije esperando que mi idea fuera de utilidad.

Se empezaron a ver entre ellos y claramente podía ver que estaban pensando en mi sugerencia.

El que intentó usar el control remoto dijo desde su asiento:

—Hay entivis de vigilancia en la zona. Se puede modificar el rayo de resonancia sónica para enviar voz y que contesten por el mismo canal.

—¿Qué estás esperando? –la voz del capitán sonó demandante.

El operador se volteó inmediatamente hacia su consola y se puso a pulsar teclas frenéticamente.

—Entivi 235 en línea. Receptor sónico modificado a emisor-receptor. Listo. Programando ruta de intercepción. Listo. Ordenando intercepción. Listo. Entivi en ruta. Llegará en 40 secs.

Al escuchar el tiempo de intercepción recordé que nunca había podido hacer una conversión exacta de su medida de tiempo a lo que yo conocía y siempre me intrigó la semejanza de los nombres de sus intervalos: achers, mins y secs. Sin embargo, ahora empezaban a tener sentido tales nombres.

—Entivi 235 en rango visual –volvió a decir el operador –Activando video

La pantalla principal mostró la imagen de un vehículo alado con visibles daños y dejando una estela de lo que parecía ser humo vista desde arriba.

—Mil doscientos cincuenta keym –dijo el encargado de anunciar la distancia.

De repente todo me parecía como sacado de una película. Volví a sentirme extraño y fuera de la realidad, de la misma forma que me sentía durante el encierro.

—El entivi necesita estar a por lo menos 50 emtis para enlazar al elervi con el rayo resonante –dijo el operador.

Yo sabía que tecnológicamente era posible escuchar sonidos remotamente mediante un haz de luz amplificada ya que reflejan las vibraciones producidas sobre alguna superficie y las traduce a sonidos. Pero que también trasmitiera sonido requería otro tipo de tecnología. Ya vería después como era eso.

—Entivi enlazado al elervi –anunció el operador.

—Comando 26, habla J’ark. ¿Pueden escucharme? –dijo el capitán mediante el micrófono.

Pasaron unos momentos antes de escuchar la respuesta del comando 26.

—Comando 26 respondiendo. Fuimos alcanzados por fuego enemigo. Daños en varias partes, pero consideramos que sí llegaremos. Llevamos un Colaborador de nivel 10. Ya tomamos precauciones y está inconsciente y envuelto en una cápsula fardei. Por favor, permita que lleguemos. Dos elementos están heridos.

-680 keym y disminuyendo –anunció el otro operador

—Denles paso. Parece que tienen todo bajo control –ordenó J’ark




Yo seguía pensando en la cápsula fardei ¿Acaso será algo parecido a la jaula de Faraday? ¡Faraday! ¡fardei! ¡Por supuesto! Solo eran deformaciones a nombres y conceptos que ya teníamos en mis tiempos ¿Mis tiempos? ¿Estoy considerando que es verdad que sigo en la Tierra?

—Buen trabajo, Joe –me dijo J’ark sacándome de mis cavilaciones –Necesitamos gente como tú en esta guerra. Considera unirte a nosotros. Serías buen elemento.

Yo seguía sintiéndome fuera de lugar y así le dije a J’ark

—Honestamente, todo esto me parece como si fuera una película.

J’ark me miró con mucha extrañeza.

—¿Película? No sé qué es eso, pero esto es lo que vivimos todos y cada uno de nuestros días.

Mi mente seguía confundida y divagando de un pensamiento a otro. Así que me decidí a externarlo al capitán.

—Tengo muchas dudas aún –me animé a decir.

—Camina conmigo –me ordenó –No te prometo responder todo, pero lo que esté a mi alcance –me dijo sonriendo.

Hice un listado mental de algunas dudas y escogí la que creí podía darme una visión mayor de la situación.

—¿Todos los humanos en el planeta fueron traídos por los Metálicos?

J’ark me miró con sorpresa, sonrió y me contestó:

—Creo que exageré cuando dije eso. Los Metálicos llevan muchísimo tiempo trayendo gente y obviamente muchos han seguido el orden natural. Se formaron familias, comunidades, etc. Yo mismo soy bisnieto de dos Forasteros, que es como les decimos a los secuestrados. Pero esta guerra no tiene cuartel ni acepta acuerdos de paz. Ningún humano está a salvo en ningún lugar del planeta.

Yo seguía asimilando las palabras del capitán y resurgió la idea de que éste no era el planeta Tierra.

Y de ser cierto, si podía regresar a casa.

 

Luciano García

Twitter: @Luciano__Garcia

 

El Forastero – Quiero ir a casa

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