Amor por la puerta trasera

Amor por la puerta trasera – Cap. 3

Capítulo 3

Los domingos para mí son de relajación, de llevármela tranquila y de hacer tareas sencillas que no me estresen. Me levanto tarde, ando en ropa suelta, la mayoría de las veces sin nada abajo y usualmente no espero mayores complicaciones que las de decidir dónde comer algo. Muy contadas ocasiones los uso para ver amigos o familiares, ya sea que me visiten o que yo los visite.

Mi vida social, laboral y familiar es de lunes a sábado. Los domingos son para mí.

Eso estaba pensando cuando recordé que le había dado mis teléfonos a Alfredo, el chico ni tan chico que conocí la otra noche y que me había resultado en un muy buen acostón.

Por todo el estrés del día anterior, apenas si lo había recordado, pero lo que si noté es que estuve bastante relajada a pesar de la carga de trabajo. Incluso reía a las bromas de los trabajadores, lo cual no es raro, pero tampoco tan usual.

Yo estaba casi segura de que me iba a llamar. Me debatía entre aceptar alguna propuesta o decirle que para después. Y como no estoy para esperar a nadie, me puse a hacer mis labores.

Estaba terminando de poner la ropa en la lavadora cuando sonó mi teléfono marcando un número desconocido. “Es él”, pensé. Y no me equivoqué

—Hola, habla Alfredo. ¿Te acuerdas de mí? Nos conocimos la otra noche en un bar.

Claro que me acordaba, pero no se lo iba a poner tan fácil.

—Ah sí. El viernes ¿verdad? –Le contesté pensando que así podría sugerir la posibilidad de que no fuera el único que habría conocido en los últimos días.

—Ehmmm sí. Fue el viernes –Noté que hizo una pausa como dudando de lo que iba a decir –Mira, te hablé porque me gus…ría verte per…sé si p… y es que tuv…salir de la ciudad y lleg…é más tarde.

Parecía que tenía problemas con su teléfono o con la red porque se escuchaba muy entrecortado. A duras penas entendí lo que me estaba diciendo.

—No se escucha bien tu teléfono. Mejor llama después que tengas mejor señal

No se oyó respuesta inmediata. Pensé que se había cortado la llamada cuando escuché:

—Te marc…arde.

Y el sonido de cuando se corta la llamada.

Me quedé pensando que por lo menos cumplió en hablarme hasta hoy. Iba empezando bien pero aún dudaba en verlo. No me apetecía salir, comer algo, platicar y llegar a lo mismo de siempre. Empecé a recordar la noche que pasamos juntos y eso si se me antojó. Tal vez si solo viniera a cogerme y se fuera inmediatamente. La verdad, si fuera directo, me ahorraría muchas cosas.

No había terminado el ciclo de lavado –que dura aproximadamente media hora- cuando volvió a sonar el teléfono con el mismo número de la llamada anterior en la pantalla. Pero esta vez quise ser más condescendiente.

—Hola, ¿ya tienes mejor señal? –dije con voz suave y melodiosa.

—Hola, si, ya estoy en camino de regreso. Vine al pueblo para que mi hijo y mi madre se vieran.

Eso me sacó de balance. Tiene un hijo. O sea que tiene o tuvo una esposa ¿Será casado todavía? Rápidamente pensé que eso aligeraría las cosas. Porque para una mujer con una vida laboral y social como la mía, un amante casado resuelve muchas cosas.

Para empezar, no hay compromiso. Eso de la fidelidad se desecha de antemano. Luego, las entrevistas usualmente son rápidas porque el señor tiene el tiempo medido. Eso me permite programar mi agenda. También está el hecho de que los días feriados los pasa con su familia y yo los tendría libres para mí. Y así con varias situaciones que se dan en las parejas. Y lo sé porque ya lo viví una vez.

Decidí dejar que el me lo explicara después y le contesté:

—Ok, mira. Yo no tengo planes para hoy. ¿Te parece si cuando te desocupes me marcas y platicamos con calma?

Por un momento pensé que si era casado ya no iba a estar disponible para después.

—Me parece bien. Lo entrego como a las cuatro o cuatro y media de la tarde y ya te marco.

¡Diablos! Inmediatamente entendí que era divorciado o separado, que para el caso es lo mismo. Recordé cuando tomé la mala decisión de hacerle caso a un recién divorciado y en casi todas las veces que nos vimos, incluso en la cama, sacaba el tema de su ex. Definitivamente no estaba listo para tener otra relación. Pero si me hubiera dicho claramente que solo me quería para coger y olvidarse de su ex por un rato, se lo hubiera concedido. Digo, una está para ayudar a los amigos ¿o no?

—Ok, espero tu llamada. Hasta luego –le dije

—Sale pues, hasta luego –me contestó con un acento medio norteño y colgó. Pensé que ojalá no fuera del norte, porque luego resultan muy pagados de sí mismos. Algunos se creen la última coca cola del planeta y salen con cada chingadera. Pero no recordaba que tuviera acento y su madre seguramente vivía a poco tiempo de la ciudad.




Seguí con mis labores y ya estaba cómodamente instalada en mi sofá viendo una película por la aplicación de video streaming –no digo marcas porque no me pagan por anunciarlos- cuando otra vez sonó el teléfono marcando el mismo número.

“Voy a tener que agregarlo” pensé, “ya me está hablando seguido”

Contesté con un “hola” medio sensual que no sé por qué salió así.

—Hola –me dijo –ya estoy libre. Solo que…mmm…no sé cómo decirte esto, pero bueno, te la suelto y ya tu juzgas y decides.

Mi mente empezó a barajear varias situaciones, pero me dije a mi misma “Mi misma, deja que hable”

—Pues tú dirás –le dije tratando de parecer calmada

—Mira, como te habrás dado cuenta, soy divorciado. Y este fin de semana le había prometido a mi hijo llevarlo a ver a su abuela, lo cual hicimos y ya lo regresé con su madre. Pero ¿qué crees?

La verdad es que me dio flojera pensar en lo que le hubiera pasado. Tantas posibilidades ¿y quería que lo adivinara?

—Ahmm no sé, tu dime –traté de no mostrar mi fastidio.

—Pues resulta que la mamá de mi hijo lo mandó con lo más viejo y desgastado de su ropa. Así que tuve que comprarle ropa nueva. Hasta zapatos tenis porque los que traía ya habían pateado muchas piedras.

—Oh –atiné a decir. Esa era una situación bastante conocida por mí ya que tengo algunas amigas divorciadas que joden a sus ex maridos de esa forma. Dicen que así aseguran ropa nueva para los hijos sin necesidad de pedirlo. Pero yo intuía que no era tan gratuito y aquí estaba un ejemplo.

—Entonces, por esa razón, no tengo ahorita suficiente para una salida –siguió diciendo.

Un “ah” como de alivio y comprensión salió de mi boca. El problema era de dinero.

—No te preocupes. Yo tampoco tenía muchas ganas de salir –le dije y pensé “pero de coger si”.

—Bueno, más que ganas de salir, yo tengo ganas de otra cosa –me contestó e inmediatamente sentí lo mismo que la noche que nos conocimos.

—¿Y de que tienes ganas? –sin proponérmelo mi voz salió sensual de nuevo ¿Me estaban ganando las ganas?

—¿Quieres que te lo diga directo? –me preguntó y sentí como empecé a fastidiarme de nuevo. Sin embargo, recordé que durante el encuentro pasado fue bastante atento a las indicaciones. Tal vez convenía seguirlo adiestrando. Reí para mis adentros.

—Claro. Me gusta que me hablen directo y sin tapujos –sonreí pensando en la cara que debería estar poniendo en ese momento

—Me gustas toda completita. Pero la imagen que tengo en mi cabeza es de tu trasero y tengo ganas de meter mi cara entre tus nalgas y lamerte el culo tan sabroso que tienes.

Con que hubiera dicho “quiero lamerte el culo” me hubiera empezado a mojar. No fue tan directo como quería, pero iba mejorando.

—Mmm eso me encantaría –le dije otra vez con esa voz sensual que me sale cuando ando excitada –Tu dime ¿Qué propones?

Al decir eso me arrepentí. Salir a coger implicaría una serie de preparativos que me daba flojera hacer en este momento.

—Mira –me contestó –como no tengo mucho recurso, te propongo una pizza con vino tinto en mi casa. Yo paso por ti a donde me digas.

La idea de salir seguía sin agradarme y pensaba si valdría la pena invitarlo a mi casa. Lo pensé lo suficiente como para que Alfredo se desesperara.

—¡Hola! ¿Sigues ahí?

Decidí arriesgarme. Ya lo había hecho el viernes y salió bien. Esperaba que esta vez resultara bien también.

—Aquí sigo –ahora mi voz no salió sensual sino más bien con flojera –La verdad es que no tengo ganas de salir ¿Por qué no vienes tu para acá? Puedo pedir la pizza en lo que llegas y también tengo un tinto aquí.

Yo seguía pensando que lo mejor era que llegara directo a cogerme y que luego se fuera a comer su pizza a su casa, pero no quise verme tan egoísta.

—Muy bien –su voz sonó muy contenta –mándame tu ubicación por el mensajero y yo llego lo más pronto que pueda.

—De acuerdo, así lo haré –contesté.

Inmediatamente lo di de alta en los contactos de mi teléfono y le mandé la ubicación de mi casa por el servicio de mensajería. No sabía cuánto iba a tardar en llegar, pero de todos modos ya me estaba dando hambre y decidí pedir la pizza.

Ahí fue donde me di cuenta de que no le pregunté de que quería la pizza, pero recordé que los hombres comen casi de todo. Y si Alfredo se comió mis fluidos vaginales y anales seguro se comerá la pizza del sabor que sea. Como la íbamos a acompañar con tinto, la de carnes frías era la indicada y así la pedí.

Aproveché para arreglarme un poco. No quería que me viera de cara lavada completamente. Un duchazo de cinco minutos, un poco de rubor, rímel y labial y una muy ligera cepillada de cabello.

Estaba terminando cuando tocaron el timbre. Según mis cálculos era hora de que entregaran la pizza así que me enfundé en los mismos pants y sudadera deportivos que había usado todo el día y fui a la puerta para recibirla.

Sin embargo, no era la pizza, era Alfredo, quién se me quedó viendo con una expresión de gusto y deseo que hizo que me cosquilleara la vagina.

—Hola –me dijo alargando la última sílaba con ese tonito infantil –Que guapa estás.

Pensé que si me hubiera visto hace media hora tal vez no me habría dicho eso

—Hola –le dije también con voz sensual –pensé que ya había llegado la pizza –me le quedé viendo a los ojos con los que me recorría de arriba abajo con mucho deseo –Pasa –y me hice hacia atrás para permitirle el paso sintiendo a la vez ganas de abalanzarme sobre él para desnudarlo.

El avanzó hacia adentro y la distancia entre nosotros se acortó. Me tomó por la cintura y sin decirme nada me empezó a besar fuertemente. Yo correspondí a su pasión porque también me había encendido. Metió su mano izquierda por arriba del pants hacia mis nalgas y me las empezó a apretar y acariciar intentando llegar al ano mientras que la derecha entro por debajo de la sudadera hacia mis senos y ahí encontró el izquierdo, empezando a juguetear con mi pezón.

Me separé de su beso para respirar y empecé a gemir y el aprovechó para descubrir el seno que tenía en mano empezando a chupar el pezón cuando escuchamos que tocaron la puerta. Volteamos y ahí estaba el repartidor de la pizza con el casco puesto diciendo:

—Pizza grande de carnes frías para la señorita Mayra

Con toda la pasión fluyendo habíamos dejado la puerta abierta. Para ser honesta, en ese momento me valió madres que me vieran en esa situación. Estaba caliente, quería sexo y mi mente estaba nublada por el deseo, pero él se hizo cargo. Se separó de mí, tapó la visión del repartidor con su cuerpo, sacó su cartera y pagó la pizza. Cerró la puerta y la llevó a la mesa. Yo me quedé donde estaba y cuando volteó me abalancé sobre el o más bien sobre sus pantalones.

Frenéticamente desabroché la hebilla de su cinturón, desabotoné el pantalón, le bajé el cierre y de un tirón le bajé los pantalones con todo y bóxer y me quedé de rodillas mirando el objeto de mi deseo que ya estaba en su máxima expresión. Lo tomé suavemente y empecé a saborearlo primero lentamente pero conforme me iban creciendo las ganas, fui aumentando el ritmo. Miré hacia arriba con el miembro en la boca y vi que se empezó a quitar la camisa.

—Ven acá –me dijo tomándome de los brazos y llevándome al mueble de la sala –Ya sabes lo que quiero hacerte.

Yo asentí con la cabeza y otra vez, como la vez anterior, me bajé el pants hasta las pantorrillas descubriendo mi trasero, me puse en cuatro y esperé los ansiados besos negros que tanto me gustan.




Cinco horas después desperté sabiendo que la pizza ya estaba fría y el vino también. Después de no sé cuántos orgasmos con un par de eyaculaciones –squirt le llaman en inglés- yo tenía mucha hambre y mucha sed. Alfredo dormía y no estaba segura de querer que durmiera conmigo toda la noche.

Y no es que me molestara su compañía para dormir. El problema iba a ser al despertar. Hago mucho desorden cuando me alisto para el trabajo. Pero pensé que se podría ir antes de empezar mi relajo, por ahí de las 5 o 5:30 am.

Me levanté y desnuda como estaba me fui a la cocina a tomar un plato, una copa y el vino tinto. Me serví una porción de pizza y la metí al microondas. Sonó la alarma del aparato, saqué el plato y me fui a la mesa. Esperaba que el ruido despertara al bello durmiente y así fue. Salió desnudo de la recámara y me gustó lo que vi. Pensé que si valdría la pena verlo despertar.

—¿Quieres cenar? –le pregunté –adelante con toda confianza –le dije señalando la cocina.

Me pareció que quería que le sirviera y lo hubiera hecho para ser buena anfitriona. Pero después de las tres cogidas que me había dado estaba súper relajada y las formalidades me estaban valiendo un cuerno. Se metió a la cocina sin decir nada, tomó otro plato, le puso pizza y la calentó en el horno. Luego se sentó a la mesa con el plato y un vaso y se sirvió vino.

—¿Vino en vaso? –pregunté un tanto extrañada.

—Es lo mismo. En copa, en vaso o en taza termina en el mismo lugar –dijo un tanto desparpajado.

Sonreí ante su afirmación porque era verdad. Muchas veces me había preguntado qué caso tenían ciertas formalidades. Pero la gente las usa y somos parte de la gente.

—Si quieres te puedes quedar, pero te aviso que me levanto a las 6 am y hago mucho ruido –le dije y para estas alturas ya no sabía si quería que se fuera o se quedara.

—Me encantaría quedarme a dormir contigo –dijo mirándome como tantos otros me han mirado, pero que al final tuve que dejar ir –pero entro a trabajar a las siete y tendría que salir de aquí como a las cuatro y media o cinco de la mañana y a esa hora no coordino bien –tomó su pedazo de pizza y empezó a comer –Prefiero llegar a la medianoche, dormir y levantarme a las 6. Mi trabajo está cerca de mi casa.

Asentí con la cabeza y terminamos la cena. Tomamos nuestra bebida y nos fuimos a sentar al sofá. Me abrazó y recargué mi cabeza en su pecho. Me sentía tranquila y ahora de verdad no quería que se fuera. Terminé mi vino y le dije que me iba a dormir. El apuró el suyo, se levantó y se dirigió a la recámara. Unos minutos después regresó ya vestido.

Sin decir nada tomó mi cabeza con ambas manos y me dio un tierno beso en los labios. No eran necesarias las palabras. Ambos sabíamos que queríamos estar juntos, pero por hoy sería mejor respetar nuestros espacios. Abrió la puerta y se fue. Yo me acosté desnuda como me había dejado. Me tapé con las sábanas olorosas al sexo apasionado que habíamos tenido y cerré los ojos.

Mañana sería otro día.

 

Luciano García Guzmán

Twitter: @Luciano__Garcia

 

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