Amor por la puerta trasera

Amor por la puerta trasera

Capitulo 1

-Tengo los huevos depilados.- Me dijo al oído y de inmediato me imaginé tocando los genitales de ese varón bien formado, sintiendo la suavidad de la piel del escroto y el miembro paralizado por la excitación. Sentí una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo, desde el oído donde me llegaron esas palabras, pasando por mis pezones y terminando en los músculos púbicos, contrayendo mis dos orificios y después de la contracción, de regreso hasta la cima de mi cabeza.

Me excitan las palabras fuertes, las frases directas y llenas de sexualidad, no de sensualidad. No hay que confundir.  Lo que la gente llama “vulgar” para mi es descriptivo. No encuentro sentido en llamar “pajarito” al pene. Incluso la palabra “pene” se me hace sosa y desprovista de esencia. “Verga” suena mejor. “Panocha” suena aún mejor. Y “culo”, ni hablar. No hay nada más excitante para mí que decirle a mi amante en turno “Méteme la verga en el culo”. A los que menos efecto les produce esta frase, se ponen más duros. Pero también los he visto eyacular solo de oírlas. Pobrecitos.

El hombre me seguía mirando con una mezcla en la cara de deseo, inseguridad y un poco de desprecio. Se sabía buen mozo y era evidente que solo buscaba una noche de pasión, cuando mucho. Es probable que menos de una noche. Tan solo meterla dos o tres veces, eyacular, descansar 10 minutos, volverla a meter tres o cuatro veces y volver a eyacular. Ese era el promedio. Una hora a hora y media, contando el trayecto y algún trago caminero.

Lo más curioso del caso es que en el fondo yo también quería lo mismo y aunque me rebotaba en la cabeza la idea de negarme y dejarlo pasar, simplemente no se asentaba y terminé diciendo:

-Se te han de ver bonitos- con una gran sonrisa y dejando ver por mis ojos la excitación que me empezaba a dominar.

Lo siguiente fue el clásico diálogo entre dos amantes fugaces, tan fugaces que ni merecen ser llamados amantes.  Una conversación llena de clichés donde ya sabíamos cada quién lo que el otro iba a contestar. Y una verdadera pérdida de tiempo.

Cuando alguna vez en el grupo parrandero con el que andaba de estudiante paramos frente a la fila de prostitutas nocturnas y escuché una negociación, me pareció lo más sensato, sencillo y honesto. El llega y pregunta “¿Cuánto por el servicio?” y ella contesta “Tanto y te incluye esto, esto y esto”. Si él quiere algo más lo pregunta y ella le dice el costo extra si es que lo incluye o si no, se niega y listo. Como en esas ocasiones mis mojigatos compañeros de clase, aparte de jodidos eran bien miedosos, nunca se concretaba el trato y siempre nos íbamos riendo de la situación, de que si lo valía, si lo hacía bien, si el extra debía estar incluido en el precio, etc. Puras mamadas.

Desde entonces pienso que los ligues debían ser así de directos. Algo como esto:

El: -Hola, te vi desde la otra esquina y me pareces tan buena cama que decidí recorrer todo el salón para pedirte que vayamos a coger.

Ella: -Yo también te vi, pero la verdad es que me interesa más aquel hombrón que está allá. Si no me hace caso en 5 minutos puedo considerarte. ¿Te esperas?

El: – Tal vez. Depende de que me pueda perder si no me espero.

Ella: -Bueno, solo para motivarte, te diré que me encanta (inserte aquí su perversión favorita)

El sopesará la ventaja de esperarla 5 minutos o toda la noche o toda la semana y se quedará o se irá. Así de simple.

Pero no es mi mundo ideal y pasamos casi 30 minutos hablando de pendejadas sin sentido, haciéndonos bromas de las que me reía mas por compromiso que porque de verdad fueran chistosas y todo el tiempo con el temor de que me resultara poco dotado o poco hábil, aunque la verdad, esto último lo podía obviar si tan solo me durara erecto unos diez minutos. Sólo con eso. No pedía más.

Y por fin llegamos al motel, con una botella, un refresco frío y unos vasos desechables. Los pusimos en la mesita y me estaba quitando el abrigo cuando me dijo de improviso:

-La mera verdad, tengo ganas de meterte la verga por el culo

Me volteé un poco sorprendida, pero no por lo que me dijo, sino porque eso es lo que quería escuchar. Sin decir palabra terminé de quitarme el abrigo, caminé hacia la cama, me subí la falda, me quité la tanga y me puse en cuatro. Volteando a verlo coquetamente le dije: “Ensalívame primero” y abrí mi trasero en todo su esplendor.



Cuatro horas más tarde entró la luz del sol por la ventanita del cuarto de motel. Ya estaba desnuda desde horas antes y el también. En algún momento nos estorbó la ropa, como dice la canción. Debo aceptar que me sentía satisfecha. Muchos orgasmos tanto anales como vaginales. Siempre pierdo la cuenta, pero esta vez fue más. Y es que no hubo nada que me impidiera gozar y gozar de su miembro, el cual era de tamaño promedio, pero bien manejado. No hubo preguntas ni declaraciones de amor ni promesas de ningún tipo. Nuestra conversación durante el sexo fue de sexo. Que ponte para acá, que muévete para allá, que si te gusta así, que mira como me pones la verga, que qué rico culo tienes, etc.

Me paré dudando si me daba una ducha o esperaba a mi acogedor departamento para terminar mi parranda como debe de ser, con un rico y relajante baño en la tina. Opté por lo segundo. Estaba por ponerme las zapatillas cuando despertó. No me dijo nada, solo me miró calzarme.  Me encaminé a la puerta y pensé despedirme desde ahí pero el habló antes y me dijo:

-Hey. Quiero verte otra vez. Quiero volver a cogerte como anoche. Si se puede hoy, mejor.

Juro que no tengo la menor idea de lo que sentí. Ya antes me lo han dicho. No con esas palabras, pero con la misma intención. Pero esta vez, así como lo dijo, fue como si toda la vida estuviera esperando escuchar eso. Y me dio miedo darme cuenta de que me estaba hablando en mi idioma.

-¿Por qué tardaste tanto en salir del antro? –Le pregunté a quemarropa

-Porque me dio temor de que te asustaras pero no me di cuenta de mi error hasta que estábamos en el carro y preguntaste que para que traíamos botella si ya habíamos tomado suficiente.

Efectivamente, la botella, el refresco y los vasos estaban en la mesita, intactos. Fuimos al motel a coger y eso hicimos.

Saqué una de mis tarjetas de presentación y le apunté mis números personales y se la dí.

El la leyó, me miró dulcemente y me dijo

-Mucho gusto Mayra, mi nombre es Alfredo

Me incliné sobre él, agarré su miembro medio flácido en este momento, me acerqué a su boca y le di un beso en los labios diciéndole:

-Mucho gusto Alfredo, fue la mejor cogida que me han dado en mucho tiempo. Háblame mañana a mediodía. Hoy tengo un compromiso.

Me levanté y salí de la habitación. Ya en la calle, paré un taxi y me dirigí a mi departamento.

Necesitaba poner mis ideas en orden.

 

Luciano García

Twitter:@Luciano__Garcia

Imagen: http://www.revistadominical.com.ve

 

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