Amor por la puerta trasera

Amor por la puerta trasera – Cap. 2

Capítulo 2

Miré la puerta cerrarse y volví a ver la tarjeta. Empecé a recordar la noche y pensé que era increíble que me hubiera topado con una chica como Mayra. La química y entrega fue total. No hubo nada que yo quisiera hacer que ella dijera que no. Y cuando me daba indicaciones las comprendía inmediatamente.

Fueron horas de placer irrefrenable. Bueno, nos frenó el cansancio, pero de no haber sido así, tal vez nos hubiéramos amanecido cogiendo.

Y lo más notable para mí fue la dureza y la duración de mi erección. Fácilmente duré más de doble de tiempo de lo usual. Y estaba duro como fierro. ¡Y fueron tres veces! Bueno, casi tres. En la última ya no pude terminar. Pero ella sí y eso cuenta.

Yo que ya pensaba preguntar sobre los polvos mágicos que dicen mis compañeros de mayor edad que usan para ayudarse. Que según es un viagra natural de origen chino. Pero para mí, no hay mejor afrodisiaco que una mujer deseosa de verga. Y sobre todo, por el culo. Eso me prende aún más.

Y con Mayra todo volvió a la normalidad. Iba erecto desde el carro, mirando sus piernas bajo la minifalda y sus tetas, sus fabulosas tetas, moviéndose al compás del carro. Nomás de acordarme se me empieza a parar de nuevo.

Y cuando se bajó del carro y volví a ver su trasero, sentí un deseo enorme de abrirle las nalgas y besarle el culo hasta que se abriera solo o abrirlo yo a punta de vergazos.

De verdad fue la mejor experiencia sexual que había tenido en no sé cuánto tiempo. No recuerdo alguna otra experiencia igual o mejor que esta. Y lo mejor de todo es que pude ser yo mismo todo el tiempo. Bueno, salvo el tiempo que tardé en darme cuenta de que podía hablarle como a mí me gusta y que también a ella le gustaba.

Y todavía no me creo lo que me dijo de despedida, aunque me puse a pensar ¿de cuánto tiempo estaba hablando? ¿Cuánto tiempo es mucho tiempo? ¿Días, semanas, meses, años?

Y hablando de tiempo, quería verla lo más pronto posible, pero como no iba a estar disponible, tenía que ver que hacía con mi tiempo, porque como que de repente ya no me importaba todo lo que tenía que hacer y eso no estaba bien, porque ya había prometido a mi hijo que lo llevaría a ver a su abuela y eran dos horas de camino, más el tiempo de los preparativos, la consabida discusión con su madre, verle la cara de pendejo a su pendejo. ¡Ah, me hubiera gustado llevar a Mayra para darles en la madre a los dos pendejos! Un culazo como el de Mayra no se compara con las nalguitas de la mamá de mi hijo. Las flacas desnalgadas tienen su atractivo, pero Mayra tiene un cuerpazo de lujo.




Me vestí y cuando salía me acordé de las botellas todavía llenas. Al regresar noté algo que me tomó por sorpresa.

La cajita de condones estaba intacta.

Juro que no tenía la menor idea de cómo pasó. No estaba tan borracho, pero la verdad no recordaba si me lo puse o no. Pensé que a lo mejor ella había sacado los suyos, pero tampoco recordaba habérmelo puesto.

Y de repente empecé a pensar en las posibles consecuencias de no haberme asegurado de usarlo. Desde una enfermedad hasta un embarazo. Bueno, lo del embarazo casi puedo descartarlo porque me acordé en donde descargué pero ¿y si algo se pasó para el otro lado? ¿Y si tiene SIDA? ¿O alguna otra como gonorrea? O tan simple como que ella no se haya lavado bien o yo no me haya lavado bien y resulte infectado con bacterias fecales.

Con esas preocupaciones en la cabeza, salí del motel y enfilé hacia mi casa. Pero al encender la radio me di cuenta de que no iba a llegar a tiempo por mi hijo, así que tuve que desviarme hacia la dirección contraria para cumplir mi compromiso. Eso de que tu ex se lleve a tu hijo lo más lejos posible, no es de buenas personas. Me toma casi una hora llegar desde mi casa y una hora de regreso. Esa mujer no tiene corazón. Y me pregunto ¿siempre fue así y me fingió o cambió con el tiempo? Misterios del universo.

Me cansé de escuchar al locutor hablar de los problemas políticos y económicos del país -que la verdad nada puedo hacer para remediarlo- y activé la memoria del reproductor para escuchar el concierto en vivo de Faithless en Alexandra Palace. Buena música para aligerar el trayecto que esta vez sería de veinte o treinta minutos.

Llegué a la casa donde vive mi hijo y ya estaba afuera esperándome. Ver como se iluminan sus ojos cuando vengo por él es lo que hace que valga la pena el esfuerzo. Y de repente me cruzó la imagen por la mente de ver a Mayra y mi hijo caminando juntos hacia mí. Fue solo un instante pero me sentí confundido. Apenas la conozco y ya estaba pensando en ¿una vida junta? ¡Que disparate! ¿O no?

Salí de mis cavilaciones para abrazar a mi hijo, darle sus besotes, que yo sé que le gustan pero él dice que no, y me empieza a platicar de sus juguetes, los carritos, la grúa y etc.

En eso vi salir a su madre con la mochila de su ropa y el gesto agrio que pone siempre que me ve.

-Vienes de la parranda ¿verdad? – me dijo sin siquiera saludar.

-Buenos días ¿Cómo estás? Linda mañana ¿no crees? – le contesté tratando de no sonar tan sarcástico

Me miró con cara de fastidio mezclada con cansancio. Ladeó un poco la cabeza y me dijo:

-Lo traes temprano porque mañana tenemos una piñata

Eso me molestó. Ella sabía que íbamos a visitar a su abuela al pueblo, que está a dos horas de la salida de la ciudad más el tiempo que tarde en salir. Sin embargo, pensé que se refería al siguiente día.

-Mañana temprano ¿Cómo a cual hora?

-No. Hoy temprano. Como a las cinco de la tarde.

La sangre me empezó a hervir. Era la tercera vez que me ponía trabas para llevar a mi hijo con su abuela. Esta vez no iba a ceder.

-Ya habíamos quedado de que hoy lo llevaba con su abuela. Ya van dos veces que lo pospongo. Él quiere ir, yo lo quiero llevar y su abuela lo quiere ver ¿Por qué tú no quieres? ¿Cuál es la razón de tu intransigencia?

Mi voz ya se alzaba y ella me miró con la misma cara de siempre que discutimos. Una mirada de sorpresa, ira y temor mezcladas y yo ya sabía dónde iba a parar toda la discusión que llegáramos a tener. Ella llorando, el niño llorando, el pendejo metiendo su cuchara donde no le corresponde y yo teniendo que irme para no hacer la bronca más grande.

Pero esta vez no. Esta vez no iba a ceder.

-Te dije que tenemos una piñata mañana y…y… luego no se quiere alistar y lo tengo que estar apurando.

Cuando noté su titubeo inmediatamente se me bajó el coraje. Había algo más que no quería decir.

En eso, el pendejo de su pendejo salió de la casa, se paró en la puerta y la llamó. Ella fue y él empezó a decirle algo que no alcancé a escuchar. La vi agachar la cabeza mientras le hablaba y asintió a lo que le decía. Lo dejó ahí y vino hacia nosotros, me dio la mochila y me dijo:

-La piñata es a las cinco de la tarde a unas cuadras de aquí. Me lo traes a las cuatro y media ya listo para no perder el tiempo.

Se dio media vuelta y se fue a su casa. Ni siquiera se despidió del niño.

Gané. ¿Gané? Fue una victoria muy fácil. Al parecer su pendejo la hizo fácil. ¿Habrá algo más?

¡Qué importaba! Ya tenía a mi hijo, su ropa y nos íbamos al pueblo.

Lo puse en su silla, me acomodé al volante y vámonos. Primero un almuerzo, porque ya hacía hambre.



Cuatro horas después ya estábamos en el pueblo en casa de mi madre. Me recibió como siempre con un beso y se abrazó con mi hijo un buen rato. Luego él se fue a buscar a sus primos a la casa de junto y me senté junto a ella, en silencio.

-¿Qué tienes?- Me preguntó de improviso

Yo me sorprendí. Sabía que las madres intuyen cosas que uno ni se da cuenta.

-Nada- le contesté. Y me miró con cara de diversión.

-¿Otra vez discutiste con tu vieja?

-No es mi vieja. Ya tiene otro macho, que de macho no tiene nada, pero ahí está y no voy a discutir sobre eso. Me molesta

-Sufres porque quieres -me dijo- Aquí hay muchas chamacas que ya quieren marido. Ahí andan en los bailes con sus faldas rabonas platicando con chamacos sin oficio ni beneficio. Habías de ir a uno de esos bailes y conquistarte a una.

La perspectiva de conseguirme una chiquilla quince o veinte años menor que yo se me hacía atractiva. Piel tersa durante mucho tiempo. Inocencia y frescura. Posibilidad de enseñarle mis gustos y que también le guste. Pero recordé la experiencia con la desnalgada y ya no fue tan bueno.

Prefería a una mujer,  hecha y derecha, ya formada con sus gustos, virtudes y defectos. Que supiera lo que quería y lo pidiera, no que esperara que me surgieran dotes de adivinador. Y sobre todo, que estuviera dispuesta a aceptarme, porque yo también tengo mi lado perverso.

Y la imagen de Mayra, desnuda en la cama, me llegó a la cabeza y no pude evitar un pequeño estremecimiento que terminó en una contracción de mis genitales.

-No, madre -le dije- ya no estoy para andar aguantando chamacas que no saben lo que quieren. Capaz de que resulta igual que la otra y al rato estaré visitando otro hijo en fines de semana. Además, conocí a una chica que me gusta mucho y voy a ver que resulta por ahí.

Mi madre volteó a verme y con cara de preocupación me dijo:

-¡Ay hijito! Esas mujeres de ciudad que conoces en los bares y cantinas no sirven para la casa. Sirven para coger, divertirse y pasear, pero no para cocinar ni atender hijos.

Me quedé pensando en lo que dijo mi madre y por unos momentos quise que tuviera razón. Coger, divertirme y pasear con Mayra me parecía deseable.

Muy, pero muy deseable.

 

Luciano García

Twitter:@Luciano__Garcia

 

Imagen: lamenteesmaravillosa.com

 

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